Un científico salvadoreño más

Soy un científico salvadoreño. Durante mi infancia y adolescencia me fascinaron los documentales sobre naturaleza y, al mismo tiempo, me gustaban las materias de matemáticas y ciencias naturales. Por eso, estudie una ciencia, específicamente Biología.

Pero, ¿qué es hacer ciencia? Durante mi formación algunas personas me dijeron: “ciencia es generar conocimiento” o “ciencia es expandir la frontera del conocimiento humano” . Es, hasta ahora, con mi actual trabajo, que comprendo esas expresiones románticas. En mi trabajo, el 100% está dedicado a eso: a producir conocimiento. Entre las tareas de mi día a día están: Primero pensar:  pensar que pregunta no se ha preguntado o pensar que nueva hipótesis puedo formular para explicar un fenómeno. Segundo, obtener datos: datos para justificar o responder la pregunta que pensé, datos que apoyen o no la hipótesis que formulé. Tercero, analizar: analizar con métodos estadísticos los datos que obtuve. Y, por último, lo que define al final del día mi productividad en mi trabajo: publicar los resultados de todos estos pasos en una revista de investigación para que el conocimiento generado sea de dominio público, y mientras de mayor alcance la revista mejor.

Y me encanta este trabajo. Generar conocimiento es excitante, divertido y entretenido. En especial cuándo el objeto de estudio no es algo creado por nosotros. Es literalmente descubrir un nuevo mundo constantemente. Para muestras los hongos: Hay hongos y plantas que, sin que nosotros tengamos nada que hacer, se asocian en simbiosis. Hay otros hongos que son responsables de descomponer los “desechos” producidos de otros organismos. Y casi todos los hongos forman redes donde la información circula, en forma, quizás, más eficiente que redes como el internet.

El Salvador y sus científicos

Esta historia, no solo es mía, es la de muchos en El Salvador, en Centroamérica y en general, en todo el mundo donde hay acceso a la educación. Esta historia se repite porque la ciencia, el conocimiento, atrae. Pero en El Salvador, hacer ciencia es y ha sido, un concepto foráneo, y es más acentuado en el caso de las ciencias naturales (Biología, Química y Física). Generar conocimiento científico nunca ha sido parte integral nuestra sociedad. Y eso no solo es mi opinión, se refleja en el estado embriónico de nuestra plataforma científica: tenemos muy pocos centros de investigación en estas áreas, las fuentes financiamiento para investigación son rarísimas (en el Estado y, más aún en las empresas), no hay una academia nacional de la ciencia y no hay Universidad salvadoreña en la que la prioridad es hacer ciencia. Por esta razón, muchos de los salvadoreños que quieren hacer ciencia lo tienen que hacer fuera de nuestras fronteras (entre los que me incluyo).

Pero estas limitantes no significan que nuestra sociedad es incapaz de hacer ciencia .  Nosotros, los salvadoreños, tenemos el talento para generar el conocimiento para entender mejor nuestro planeta y el Universo. Morazán o Ahuachapán pueden producir una Marie Curie (quien dedicó su vida pare comprender el fenómeno de la radioactividad) o un James Watson (quien formó parte del equipo que descubrió la estructura de la doble hélice del AND). Y es que en general, los que hemos nacido en territorio salvadoreño, somos tan capaces de generar ese conocimiento como quien haya nacido en Estados Unidos, Alemania o Japón. Al final de cuentas todos los Homo sapiens tenemos la misma capacidad intelectual, sin importar la nacionalidad.

Así que ya es hora que como sociedad nos demos la oportunidad de fomentar ciencia. Que sociedad no se sentiría orgullosa de aportar al conocimiento general! Todos ganamos, ganamos ciudadanos con pensamiento crítico, ganamos talento y por supuesto ganamos conocimiento, no solo para nosotros sino para toda nuestra civilización.